Los síntomas—ya habían
aparecido.
Todos deberían haber
pensado en ello.
Hikaru se veía anormal antes de su dieciseisavo cumpleaños,
antes de que su deslumbrante vida llegase a su fin.
Sus cambios de humor eran muy drásticos, y a menudo miraba
al espacio con una mirada perdida, para luego mostrar una sonrisa encantadora.
Después de reírse y hacer el tonto con las chicas a su alrededor, bajaba la
mirada con un rostro pálido.
Las noticias escolares una vez publicaron una foto de él
casi ahogándose en la piscina de la escuela en medio de la noche.
En ella se le veía tumbado al borde de la piscina jadeando,
con su uniforme empapado aferrado a su cuerpo, y su delicada piel libidinosa brillando
bajo la luz de la luna.
“De repente, pensé en
nadar.”
Sonrió mientras decía eso, con sus hermosos ojos como los de
un ángel.
Una vez tuvo una sobredosis de medicina para la gripe y se
cayó por las escaleras en medio de una limpieza.
Cuando despertó en la enfermería, simplemente dijo,
“No he podido dormir
recientemente, así que pensé que podía usar la medicina para la gripe en lugar
de pastillas para dormir, pero terminé con una sobredosis.”
Ese rostro impecable y resplandeciente aún sonreía.
De nuevo causó una conmoción inmadura, y avergonzó los
corazones de las numerosas muchachas que lo admiraban. Un día, fue un hombre
diferente, y mostró una expresión serena.
Hikaru…
En ese momento, te
decidiste por la opción de tu corazón.
Si hubiera algo
innecesario, lo mostrarías delante de mí.
Pero lo que quería ver
más, era lo que no querías mostrar, algo que escondías cautelosamente en lo más
profundo de tu corazón, sin importar lo grotesco, sombrío o desolador que
fuera.
Sin embargo, aun así,
tomaste la decisión por tu cuenta.
Hikaru,
La decisión que
tomaste
Descarriló a todos—


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